Espero que os guste.
DULCE AMISTAD
Todas las chicas soñamos con la historia de amor perfecta. El roce con los amigos de él, evitando las explicaciones de las amigas cuando lo que quieres es contarles hasta el ultimo detalle, unos padres que lo aprueban y, como no, el príncipe azul; ese chico con el que te ves casada en un par de años, que te trata como una princesa, con su personalidad perfecta y, por supuesto, físico perfecto.
¡POR FAVOR! Abre los ojos y huele las feromonas. Esto no es el cuento de la cenicienta, toda historia tiene su bruja o su príncipe impostor del que crees haberte enamorado. Y no penséis que esto lo digo por que odie las relaciones o no crea en el amor, ni mucho menos, pero en el nuevo curso me paso algo que no esperaba que me pasase, y mucho menos a mi. Por suerte para mi, esta historia acabo bien.
Quedaban dos semanas para que empezasen las clases y con el cambio de piso no tenía con quién pasar los últimos días de verano. No me había dado tiempo a conocer a ningún vecino, ni tampoco el barrio y dudaba que lo fuese a conseguir con mi don de gentes. Cada vez que iba a conocer a alguien nuevo me ponía roja como un tomate y me temblaban las manos. Para superar mis nervios me apunte a clases de teatro en el instituto, pero en lugar de ayudarme me empeoró vergüenza.
Resultó que durante una actuación de navidad, en la que interpretábamos una obra llamada Navidades Blancas, me toco hablar mirando al publico y en el momento que abrí la boca se me paralizaron las cuerdas vocales, las manos me sudaban y, la mente se me había quedado en blanco. Forcejeé mi garganta para que saliese algún sonido, y lo conseguí, pero no era el sonido que precisamente esperaba que saliese de mi boca. Allí estaba yo delante de todo el instituto, roja como un tomate del pedazo eructo que había echado. Cuando llevaba un rato en el baño llorando como una magdalena por el ridículo tan espantoso que había echo, aún oía risas de mi lamentable actuación. Desde ese momento cada vez que me presentaban a alguien tenía que inventarme alguna excusa para escaquearme.
Una tarde en la que ya no había que colocar nada mas en el piso nuevo, bajé a tomar algo en el bar que había al lado. El barrio era precioso. Con solo salir del portal vi el parque que había enfrente, lleno de niños jugando con globos de agua o tirándose por el tobogán.
Busque una mesa libre en la terraza del bar, fuera del alcance del agua que tiraban los niños. Tras pedirme una coca-cola, disfrute de la vista, cuando de repente todo se puso negro.
Alguien me a había tapado los ojos, pero no había dicho palabra. Intentaba deshacerme de las manos cuando oí aquella voz tan familiar, esa voz que la última vez que la oí, me pidió que le trajese un recuerdo de mi viaje a Córdoba. Cuando por fin me destapó los ojos allí estaba, inconfundible entre tantos como el, Rafa.
Era mi mejor amigo. ¿Qué digo mi mejor amigo?, era como mi hermano. Lo conocía desde que llevábamos pañales. Siempre lo e tenido en clase conmigo apoyándome en todo momento, incluso en mi espantoso ridículo en la fiesta de navidad. Todos mis secretos, mis problemas, amoríos, etc. se los contaba a él. Era incluso más fiable que mi amiga Sara, que cada vez que le contaba un secreto al día siguiente ya lo sabía medio instituto.
Me extrañaba encontrar allí a Rafa, por que aunque el viviese por allí cerca, desde su última mudanza, la última vez que lo vi se había ido de viaje a París todo el mes de agosto.
- ¿Qué raro? Tu por aquí- me dijo él.
- Raro, por que. Acaso no puedo tomar algo en un bar como todo el mundo.
- No, claro que puedes tomar algo. Lo que me extraña es encontrarte en frente de mi casa, sola y a estas horas.
No se a que se refería con eso de a estas horas por que tan solo eras las doce del mediodía. Además, ¿Qué quería decir con en frente de su casa?
- Estamos en frente de mi casa, no de la tuya, no se si te as percatado de eso.
- ¿Te as mudado aquí?- señalaba a la casa como si me estuviese mostrando lo más maravilloso que había visto en su vida- ¡Que fuerte, no me lo puedo creer!
- ¿Qué es lo que te parece tan increíble? Solo es una casa, además ya te dije que me iba a mudar de piso.
- No es eso. Lo que me ha dejado con la boca abierta es que somos vecinos.
- ¡¡¡¿¿¿Qué???!!!
Pensé que estaba de broma, pero no era así, decía la verdad. La última vez que se mudó no me dijo el barrio, la calle, ni nada y después de eso se fue de viaje y no me informó sobre donde lo podía encontrar, y ahora me enteraba de que vivíamos uno encima del otro.
Estuvimos hablando de lo bien que nos lo íbamos a pasar siendo vecinos, por que así de esta forma podíamos hablar el uno con el otro sin tener que gastar un montón de dinero en hablar por teléfono. Me contó todo lo que había echo en París, aun de haberse quedado menos tiempo de lo que tenían previsto, y yo le conté mis aburridas vacaciones en Córdoba.
- Hablando de Córdoba, ¿y mi regalito de recuerdo? Espero que sea bonito.
- Por favor no me hables de Córdoba, nunca lo avía pasado tan mal en mi vida. Pero tranquilo tu regalito esta arriba.
- Uff, menos mal, por que si no me hubieses traído nada yo no te habría traído… ¡esto!- sus manos salieron a toda velocidad de su espalda.
Cuando me fijé bien en lo que era me quede perpleja. Una preciosa cajita de música estaba abriéndose poco a poco en sus manos.
Días antes de que partiese a hacia París, le pedí que me trajese una cajita de música que había encargado en una tiendecita de artesanía allí mismo, pero que no podía ir a recoger por el cambio de planes de las vacaciones.
Después de pasarme un cuarto de hora mirando la cajita y escuchando su preciosa melodía, miré el reloj y me sorprendí al ver que ya eran las dos y me despedí corriendo de Rafa para ir a comer.
Cuando llegué arriba, me encontré con los padres de Rafa tomando un aperitivo con mi padre y, como no, era de esperar que se iban a quedar a comer.
Los días se pasaron volando y en un abrir y cerrar de ojos la vuelta al instituto ya estaba aquí. Con solo despertarme se me volcaba un estrés tremendo, y con solo pensar en los exámenes, los trabajos y los deberes que nos iban a poner me entraban mareos. Por suerte para mí el primer día se pasó como si nada. Conocimos a los profesores del nuevo curso, durante los dos recreos volví a ver a mis antiguos compañeros de clase y conocí a los nuevos y, encima, me pusieron los primeros deberes del curso.
Yo no se que tienen los profesores en la cabeza como para ponernos deberes el primer día y, por si fuera poco, la directora no vio correcto que Rafa y yo estuviésemos en la misma clase por una pequeña bromita que le hicimos a la profesora en fin de curso, y ahora Rafa está en la clase de al lado.
Al llegar a casa, Rafa y yo nos pusimos a hablar de nuestras respectivas clases, de la gente que habíamos conocido, los profesores que nos habían tocado, las optativas en las que nos habían asignado y todas esas cosas.
Al día siguiente el día se me izo más largo y mucho más aburrido. Durante el primer recreo fue cuando pude desconectar y desahogarme contándole todas mis penas a Rafa, pero resultó que lo habían enviado al despacho de la directora por responder a una profesora, así que me fui directa a la biblioteca que supuse que estaría vacía y me quedé en la última mesa con la cabeza apoyada en los brazos intentando reposar un poco.
Parecía que me había adentrado en un panteón pero sin tumbas. El silencio inundaba toda el aula, ni siquiera se oía a toda la gente que había en el patio, era como si me hubiese quedado encerrada en el colegio y nadie se hubiese dado cuenta de mi ausencia.
Pasados unos diez minutos el silencio me incomodó y decidí sacar los deberes de alguna asignatura para así entretenerme de alguna forma, aunque no era mi idea de pasármelo bien. Unos segundos mas tardes entró alguien pero no levante la cabeza para fijarme en quien era. Por el ruido de sus pasos me di cuenta de que se estaba acercando hasta la mesa donde yo estaba, hasta que finalmente se sentó en frente mía. No saco nada de su mochila, tan solo se quedó ahí mirando a mi libreta fijamente.
- ¿Te apasiona ver como la gente hace sus deberes?
- ¿Eh? ¡Ah! Perdona es que me preguntaba que hacia una chica tan bonita como tú aquí encerrada haciendo matemáticas.- su cejas subían y bajaban como si fueran persianas y su mano derecha se iba acercando poco a poco hacia mi mano izquierda.
Corría peligro, pues en mi mano derecha estaba sujetando el lápiz como si fuese un cuchillo y estaba dispuesta a clavárselo en su mano. Carraspeé levemente para llamar su atención y así ahorrarme su grito de dolor en cuanto le clavase en lápiz.
Yo no era agresiva, pero cuando un tío iba tan lanzado y se lo tenía tan creído me ponía furiosa; aunque, por muy creído que se lo tuviese, el chico era mono. Sus ojos eran de color verde prado, el pelo era oscuro y despeinado, estilo revoltoso y su piel, a simple vista, parecía tersa y suave como la de un bebé. No es que me gustase, pero no podía negar que era guapo.
Yo continué con lo mió, mientras que él se quedó el resto del patio mirándome. Cuando por fin sonó la campana que anunciaba el final del recreo, recogí todas mis cosas lo más rápido posible y salí escopeteada por la puerta.
Terminaron las clases y pude ver a Rafa para hablar con el sobre aquel chico tan raro, pero se paso toda la tarde hablándome sobre el infierno que había pasado durante los dos recreos. Cuando por fin terminó, le conté lo que me había pasado a mí durante el recreo. En cuanto termine se echó a reír como un descosido.
- No se que te hace tanta gracia.- le dije poniéndole morritos. Le estaban llorando los ojos de tanto reírse- Ese chaval se creé un casanova o algo así y… ¡por favor deja de reírte!
- Vale… Perdona… Ya está. Bueno es que ya se de quién hablas. Se llama Antonio. Es un nuevo que ha llegado a mi clase.
- Pues más te vale advertirle que conmigo no tiene ninguna oportunidad.
- Bueno… ni contigo ni con ninguna. En los dos días que llevamos de clase ya se ha intentado camelar a todas las de clase. Y por ahora solo las ha conquistado por los ojos, por que después de haber hablado con él, todas le están poniendo pegas en todo.
- Pues mira si me alegro. Así se controlará un poquito.
- Lo dudo.- giró la cabeza como si no quisiese que viera su expresión. Me giré un poquito y vi que seguía riéndose.- Si según tú te ha intentado seducir esta mañana eso quiere decir que no se ha dado por vencido.
A lo mejor no se daba por vencido, pero yo le iba a poner un freno conmigo.
Nos dedicamos a hablar de él durante toda la tarde. Ese chico me rondaba por la cabeza como las moscas con la mierda. Sentía como una sensación rara en la barriga, como si millones de mariposas revoloteasen. Se que suena muy tópico, pero supongo que de tantas veces que me había hablado mi madre de la sensación del amor, no sentía otra cosa. Aunque era imposible que ese chaval me gustase. Era un creído, egocéntrico y superficial; que tuviese unos ojos preciosos, un pelo irresistible y unos labios que… ¡O NO, DE VERDAD SIENTO ALGO POR ÉL!
No podía ser, en ese momento me quería morir. Durante las siguientes semanas estuve encerrada en la biblioteca escondida entre Rafa y Sara con un libro delante de la cara para evitar a ese moscón.
- Inés, ¿se puede saber que estas haciendo? Pareces un pitufo en el bater.- la cara de Sara se asomaba por el borde del libro poco a poco.
- Esto… Bueno… Yo… estoy estudiando ¿no lo ves?
- Di que no, que se esta escondiendo de Antonio por que se a encaprichado de ella.
- ¡¡¡RAFA!!! Eso es mentira. Lo que pasa es que e empezado mal el curso y quiero aplicarme para no tener que pasar las navidades castigada.
- ¡Que fuerte! ¿te refieres a Antonio Capas, el de nuestra clase?
- Exactamente.- a Rafa parecía que le gustaba verme sufrir de esa forma.
- Pero tía como puedes rechazar a ese bombón.- la boca se le hacia agua de solo imaginárselo- Si yo lo tuviese aquí ahora mismo, lo agarraría y…
- ¡VALE! No hace falta que especifiques. Pero es que desde que me vio por primera vez no ha dejado de acosarme y estoy más que harta de él.
Si Sara supiera lo que era tener a ese plomo detrás todo el santo día, no se le caería tanto la baba. Cuando terminaron las clases di gracias a dios de haber estado un día si ver a aquel Don Juan. Cuando llegué a la puerta y me encontré con Rafa y Sara, nos pusimos a planear la fiesta de Halloween que íbamos a montar en el bar del padre de Sara. Los tres ya teníamos los trajes, los invitados estaban avisados y todo estaba encargado, solo faltaba convencer a los padres de que nos dejasen solos hasta el final de la fiesta, y eso nos iba a costar lo nuestro.
El sábado de esa misma semana había quedado con Rafa para ver una película en mi casa, aprovechado que mis padres se habían ido con los suyos, mi hermana había quedado con el novio y mi hermanito pequeño se quedaba a dormir a casa de un amigo. La tarde era perfecta hasta que…
- ¡QUE AS INVITADO A ANTONIO!
- No tienes por que gritar de esa forma.- se le había caído el bol de palomitas que tenía encima de la piernas- Además seguro que ya se a cansado de perseguirte.
- No lo entiendes.- la rabia me quemaba por dentro. No podía creer lo que me había dicho.-
- Yo no quiero que venga, y además ¿Por qué no me habéis consultado antes?
- Por que sabíamos que te ibas a negar y preferimos hacerlo por nuestra cuenta. Ahora relájate un poco.
Como quería que me relajase sabiendo que iba a tener a una lapa durante toda la fiesta. Ojalá fuese verdad aquello de que se había cansado de mi, por que si no en esa fiesta iba a sobrar una invitación. Pasaban los días y Halloween se acercaba.
Dos días antes de la fiesta Antonio empezó otra vez con su intento de seducción y yo empezaba a flojear; me quedaba embobada mirando su cara, aquellos ojos verdes como la hierba, esa mechita que le caía en la frente con gracia y esos labios jugosos en donde le plantaría un gran y apasionado… emm… ¡que no!. Debía de quitarme esa estúpida idea de la cabeza, además, mi atracción era solo física, por que por su forma de ser no atraería ni un imán.
Antonio no se apareció durante toda la fiesta de Halloween. Cuando ya quedaban veinte minutos para cerrar el local, entró drácula por la puerta, o lo que es lo mismo Antonio. Se paseó por todo el local como si estuviese buscando a su presa.
- ¿Puedo chupar tu dulce sangre?
- ¿Perdona?- la risa podía conmigo- Se supone que vas de drácula ¿no?
- ¿Y tú vas…?
- De zombi, así que poca sangre vas a sacar de mí.
- Bueno, con un besito me sobra.- sus labios se fueron acercando poco a poco a los míos.
Mi corazón se puso a latir como loco. Cuando sus labios chocaron con los míos mi sangre se puso a hervir, sentía un deseo repentino de cogerle por la cara y apretar sus labios contra los míos.
Aquella noche se me hizo eterna. Nunca pensé que pudiera sentir aquella sensación con alguien que me importaba tan poco.
Cuando regresé al instituto les conté todo a Sara y a Rafa. Aunque ellos se hubiesen quedado aquella noche hasta el cierre del bar, no vieron mi gran momento. Sara no paraba de brincar de alegría, en cambio Rafa no parecía que le hiciese mucha gracia. Tampoco le pedía que me montase una fiesta, pero al menos una risa forzada.
- ¡Es que no entiendo como as podido enrollarte con ese tío!- Rafa no paraba de gritar como si se acabase de romper la pierna.- Hace unos días te caía fatal.
- Y me sigue cayendo mal. Pero físicamente me atrae y… no pude resistirme. Además si no te gusta te aguantas, por que voy a ir con el al baile de navidad.
- Que fuerte tía.- gritaba Sara mientras daba vueltas a si misma como un perro persiguiéndose la cola.
- Creía que íbamos a ir juntos, por el tema de no tener que aparecer solos y eso.
- Lo siento… pero por una vez que un chico me invita a ir a un baile…- me daba penita ver a Rafa tan deprimido.- No estés tan mal. ¿Por qué no vas con Sara?
- Pueess… va a ser que no.- se paró en seco y se puso muy seria.- Resulta que yo también tengo pareja. A si que no voy a poder.
- Déjalo, da igual. Iré con Paula que me lo pidió el otro día. Que te lo pases bien.
No me podía creer que le hubiese echo esto a Rafa, mi mejor amigo. Me sentía fatal, notaba como un agujero negro y profundo en mi corazón. A lo mejor había echo mal, pero es que era la primera vez que iba con un chico que no era Rafa, y quería disfrutarlo. Casi no podía dormir, no comía, no hablaba; el imaginarme el daño que le había hecho a Rafa me ponía melancólica.
Durante el mes y medio siguiente no hable con el, solo sabia de su vida por lo que me contaba Sara, y para colmo, Antonio me dijo que no podía ir conmigo al baile, por que se lo había dicho a otra antes que a mi. ¿Podían empeorar mas las cosas?
Me di por vencida. No iría al baile y ya esta. Además, ya había ido a muchos como ese, pero…
Otras navidades los temas habían sido más sencillos y podías ir vestido de cualquier forma, pero este año era especial, era una fiesta de etiqueta; ir vestida con un bonito traje de noche largo, de esos que se ven en las películas.
Dos días, tan solo dos días para la fiesta y yo no tenia ni pareja, ni vestido, ni nada. Encerrada en casa viendo la tele mientras todos se preparaban para aquel día. Intenté ponerme en contacto con Rafa un par de veces pero nunca estaba en casa. Esa misma tarde, mientras esperaba a que Rafa respondiese a mis llamados, alguien llamó a la puerta. No tenia ganas, ni interés en abrir, pero ¿y si era Rafa que quería hablar conmigo?
Últimamente pensaba en Rafa no solo como amigo, si no como alguien especial. Lo que había sentido por Antonio no era nada comparado con lo que sentía por Rafa. Con él, era verle y mi corazón se disparaba, las rodillas me temblaban, la respiración se me aceleraba y los minutos se convertían en horas. Lo hablé con mi hermana y recibí la respuesta que esperaba, me había enamorado. Deseaba confesarle mis sentimientos, pero temía ver su reacción.
Cuando abrí la puerta me encontré a Sara apoyada en la pared, respirando muy rápido. La hice pasar y le di un poco de agua.
- Tengo… algo importante… que decirte…- dijo pausadamente mientras recobraba el aliento- Escúchame, por favor.
- Si yo te escucho, la que no hablas eres tú.
- Bueno, he oído en el ciber-café que Antonio ya no tiene pareja y te lo va a pedir a ti otra vez.- como si eso me importase, yo ahora solo pensaba en arreglar las cosas con Rafa.- Espera, que hay más.
- ¿Mas?
- Resulta que Paula se encontraba allí y a dicho que ya no va a ir al baile con Rafa porque tuvieron una discusión sobre no se que…
Era genial, ahora solo tenia que dejar las cosas claras con Antonio y arreglar mi amistad con Rafa.
Pocos minutos después de que se hubiese ido Sara, llegó Antonio con su intento de convencerme para que fuese con él al baile. Me pase casi media hora rechazándole.
- Por favor Inés, ¿Por qué no quieres venir conmigo?
- ¿No te lo e dejado ya bien claro? Me dejaste plantada, así que voy a ir con Rafa.
- ¿Con ese traidor?
- ¡No le llames así!
- ¿Y como quieres que le llame? Después de lo que te a echo no le puedo poner otro nombre.
Me explicó el motivo por el que Rafa no iba a ir al baile con Paula. Cuando se entero de que yo iba a ir con Antonio, pensó en algo para que yo no fuese con el. Cuando ya llevábamos 2 semanas enfadados, habló con Antonio e hicieron una apuesta. Quedaron en ver quien conseguía llevarme al baile. Si ganaba Rafa, Antonio me dejaría en paz y no se volvería a meter en mi vida, y si ganaba Antonio, Rafa se apartaría de mí para siempre y pasaría a ser de Antonio.
Acepté la propuesta de Antonio y en cuanto llegó mi madre me la llevé a comprarme el traje.
Pase la noche sin poder pegar ojo. Si era verdad todo lo que Antonio había dicho, Rafa para mí ya no existía.
Por fin llegó la gran noche. Llevaba más de 1 hora preparada, solo faltaba mi pareja. Estaba con los nervios a flor de piel, era mi primer baile formal y lo iba a pasar con un chico que, aunque no fuese el más sensible del mundo, me respetaba y… era muy guapo.
El baile iba perfectamente. Tenía el chico, el vestido y se estaba convirtiendo en una noche casi perfecta. Antonio no paraba de acercar su cara a la mía y me costaba mantenerle apartado.
- ¿Por qué aceptaste la apuesta?
- ¿Cómo?- su cara se fue a toda velocidad hacia atrás.
- Que me estaba preguntado que por que aceptaste la apuesta de Rafa.
- Bueno… la verdad es que yo sabía que él no tenía ninguna oportunidad de ganar y de esta forma podía ganar un premio más grande que la copa del Rey. Si es que ese Rafita haría lo que fuese por ti, se le cae la baba con solo verte y, además, se le ve a un kilómetro que siente por ti algo mas que amistad.
Si era verdad aquello que decía, ¿Por qué Rafa no lo habló directamente conmigo en lugar de hacer una apuesta con ese imbécil? Salí corriendo de allí. Sentía rabia, dolor, traición… oía a lo lejos como Antonio me llamaba, cuando de repente se oyó un grito. Me di media vuelta y allí estaba Rafa con Antonio al lado y sangrando. Rafa giró la cabeza se quedo mirándome, recogió lo que parecía ser su chaqueta y se dirigió hacia a mí; pero no quería hablar con él. Me fui corriendo hacia mi casa y en cuanto llegué me encerré en mi habitación y me eché sobre la cama.
Me despojé de todo lo que llevaba encima y me puse la ropa de ir por casa. Encendí la tele y oí un ruido que provenía de la ventana. Apague la tele, descorrí las cortinas y allí estaba Rafa subido a mi ventana.
Había cogido la escalera que tenía en su terraza, la apoyó contra la ventana y subió hasta mi ventana. Le abrí la ventana con miedo a que se cayese.
- Te pido por favor que te vallas de mi casa ahora mismo.- le dije mientras habría la puerta de mi habitación.
- No, por favor, primero escúchame.- me cogió de las manos y me acercó. Su cara estaba a pocos centímetros de la mía.- Lo que te dijo Antonio no era cierto. La verdad es que fue él el que me izo la apuesta, yo la acepté por que pensé que si ganaba ese tío estaría lejos de ti y no te haría mas daño. Y con el lejos podría decirte de una vez por todas que…
- ¿Si?- me acerque un poco más hasta rozar sus labios.
- Te quiero.
Aquella noche fue inolvidable. Mi mejor amigo se había convertido en el chico de mi vida y el estupido de Antonio se fue del Instituto.
Así que daros cuenta de que el amor no es como lo escriben en los cuentos, el amor no es algo que se planea, si no que llega, y no os deis prisa, que cuando legue será maravilloso.
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